RESURRECCION:

ILUSION O REALIDAD?

  • Respuesta a ciertos protestantes y teólogos católicos.
  • Insidiosamente, usan la palabra resurrección, pero la vacían de contenido al negar que Jesús resucitó en cuerpo y afirmar que sólo lo hizo en espíritu.
  • Relatos de la resurrección, un “género literario”?

Por José Galat, Rector de la Universidad La Gran Colombia

Tocados de Bultmann, de Marxsen y algunos otros autores protestantes, ciertos teólogos católicos han dado últimamente en relativizar la Biblia y negar algunas verdades de fe y en particular la resurrección de Cristo. De modo insidioso y taimado, usan la palabra resurrección, pero la vacían de contenido al negar que Jesús resucitó en cuerpo y afirmar que sólo lo hizo en espíritu.

En efecto, a partir de algunas premisas que ellos afirman ser “científicas”, quieren “demitificar” los evangelios y en especial la resurrección. Al dar más importancia a las filosofías de moda que a la fe, tales teólogos hacen una dicotomía inconciliable entre el que llaman el Cristo histórico y el de la fe. Pretenden que los relatos de la resurrección son un nuevo “género literario”, el cualno puede ser leído ni interpretado como durante veinte siglos lo ha hecho la Iglesia, sino que debe ser sometido a la luz de las nuevas categorías científicas.

Según las novedades de estos teólogos, la resurrección no engendró la fe de los apóstoles, sino por el contrario, esta fe fue producto de la imaginación o de la ilusión de los seguidores de Cristo. Algo así como una proyección subjetiva y fantasiosa de ellos.

En efecto, de acuerdo con los nuevos exégetas la resurrección fue engendrada por la ilusión y ésta por la esperanza de los apóstoles, o por su intenso deseo de ver de nuevo con vida a su Señor, muerto en la cruz.

Sin embargo, las premisas de estos saduceos modernos son falsas. En primer lugar, porque los discípulos no esperaban ver a Jesús resucitado, sino todo lo contrario, estaban abrumados por la incredulidad. Por ejemplo, las santas mujeres y hasta la Magdalena que tanto amó al Señor, “…iban a embalsamarlo”, no a verlo resucitado, según refieren Marcos (16,1) y Lucas (24,1).

También los apóstoles permanecían aferrados a la incredulidad: Lc.24,11,21 y Mc. 16,11-14. Más todavía, a pesar de verlo resucitado, continuaban con las dudas: Jn. 24,38.

Que la esperanza o el deseo de ver a Jesús resucitado engendró la creencia en su resurrección, es pues, un embeleco de los nuevos herejes y apóstatas de nuestros días.

En segundo lugar, las ilusiones, como observa algún notable psicólogo, crean efectos imaginarios y carentes de realidad. En cambio, las apariciones de Jesús generan efectos reales y empíricamente comprobables, así:

  • El sepulcro vacío (Luc.24,3) que aunque no es prueba de la resurrección, al menos es indicio importante de ella.
  • Las Marías, dice el texto: “…se asieron de sus pies y le adoraron. ( Mt.28,9).
  • Jesús Resucitado se aparece a los once apóstoles, les solicita que lo palpen, les pide de comer y come delante de ellos parte de un pescado asado, todo lo cual demuestra que la dimensión corporal de su resurrección es innegable. Su cuerpo es “glorioso” pero real y no fantasmagórico (Lc.. 24,36-42). Y más dramáticamente real se manifiesta al escéptico Tomas el Mellizo: Jn. 20,24 -29.
  • El sudario, cuyas vendas no estaban simplemente “plegadas”, sino que, según el original griego, mostraban todavía la forma o huella del cuerpo que habían envuelto antes. Esta señal, que convenció al Apóstol Juan, muestra que nadie hubiera podido haber salido o haber sido sacado del sudario, sino sólo por un milagro.

Conclusión:

La realidad, no las ilusiones, llevaron a los discípulos a la fe en la resurrección. Estos pasaron de ver, oír y palpar a creer.

La resurrección no fue una leyenda ni un invento piadoso de los discípulos de Cristo. Con la muerte de éstos, precedida de crueles martirios, rubricaron casi todos ellos las verdades de fe que nos legaron. Así, pues, los católicos no debemos apartarnos de lo que la Iglesia, con la asistencia del Espíritu Santo, nos ha enseñado sobre la resurrección de Cristo en los veinte siglos de su existencia.


Espiritualidad para
las Empresas Comunitarias

Bajo la autoría de José Galat, Rafael Arango Rodríguez, Arturo Luna Vargas y David Jacob Esparza Marín, entró en circulación el libro “Espiritualidad para las Empresas Comunitarias”, que contiene cuatro temas centrales:

  • La Fraternidad
  • La Espiritualidad comunitaria.
  • La Ética Comunitaria en la Constitución Colombiana.
  • Espiritualidad de la Empresa Comunitaria

“Mi yo entretejido con el yo de los demás (nosotros) y el de todos, con Yo de Dios Padre, es la fraternidad cristiana y el fundamento de la espiritualidad comunitaria” dice en el capítulo sobre fraternidad y agrega:

“Aunque la fraternidad no es sino una de las especies de la caridad, o sea el amor mutuo entre los hombres, conviene destacarla por separado debido a su gran importancia en la vida social y política. Es ella uno de los fundamentos que, junto con la justicia y otros valores naturales y cristianos, ha de tenerse muy en cuenta en el momento de elaborar las soluciones a la problemática social y al diseñar los modelos de la futura civilización del amor”.

Posteriormente, se hace un análisis sobre los fracasos del modelo individualista, (libertad sin igualdad), como el modelo del socialismo marxista (igualdad sin libertad) y ambos sin fraternidad. Han fracaso, igualmente, el modelo social demócrata de igualdad y libertad, pero también sin fraternidad.

Últimamente se ha buscado revivir el modelo individualista bajo el nombre de “neoliberalismo”, que ya muestra sus falencias en el mundo entero y, en especial, en las naciones más desarrolladas.

Por qué estos fracasos?

La respuesta está en la actitud de todos estos modelos frente a Dios, del cual unos prescinden (secularismo, laicismo, etc), o al cual otros niegan (ateísmo) al concebir al hombre y al querer construir la sociedad ideal al que aspiran. Sin Dios y menos contra Dios, es imposible construir una sociedad de hermanos, por la simple razón de que la fraternidad humana supone como su fuente, raíz y fundamento la paternidad divina. Sin un Dios padre común de todos, mal podríamos de verdad, ser hijos de El y tampoco entre nosotros ser hermanos. El intento de edificar la fraternidad sin el referente divino, es tanto como querer vencer las tinieblas sin luz.

La lección es bien contundente: la unión armoniosa de la libertad, la igualdad y la fraternidad sólo es posible con el ingrediente de la fe religiosa y la acción providente de un Dios Padre.

Entendemos el porqué de esta necesidad de Dios para hacer efectiva y operante la fraternidad. Comencemos por definir la fraternidad como aquella virtud (fuerza interior) que nos hace querer el bien de los demás más que nuestro propio bien, o al menos, como nuestro propio bien.

Hermano, y más que hermano, sublime enunciado éste de la fraternidad, pero arduo y muy difícil de vivir y llevar a la práctica, porque se estrella contra el egoísmo crudo o encubierto del hombre.

Una misteriosa y acariciadora voz se oye de continuo en el corazón de todo ser humano, que dice: !Eso del bien común es puro cuento! ¡En la vida no hay hermanos, sino rivales, competidores y hasta enemigos! La ley de la vida es: ¡O tumbas o te tumban! ¡No seas bobo! Primero tú, ¡segundo tú y tercero tú! Si sobra, para los demás y aún con la condición de que los demás no sean enemigos tuyos, porque con esos ni las sobras siquiera! Y todavía la voz agrega: “Simula querer el bien de los demás, para que no te cierren el paso y te admitan en sus asociaciones, donde luego podrás astutamente tener la ocasión de ganar a costa de todos los ingenuos que creen candorosamente en las tonterías de la fraternidad”.

En esto reside el mayor y peor obstáculo para la fraternidad. Cómo superarlo? Todo intento de conseguir la victoria contra el tres veces maldito egoísmo que anidaen el corazón humano, con las solas fuerzas humanas, está destinado al fracaso.

El hombre solo no puede triunfar de esa tendencia que lo inclina al mal. Tampoco sirve de mucho la compañía de otros hombres, por la sencilla razón de que todos ellos también están embromados por el egoísmo. La unión de muchos egoísmos no hace la fraternidad, como la suma de muchas enfermedades no da por resultado la salud.

Aquí se requiere un remedio extrahumano, un auxilio divino, superior y anterior al hombre. Esa ayuda es la gracia de Dios: luz para la inteligencia y fuerza para la voluntad, que nos hacen capaces de obrar el bien que nos proponemos y vencer la soberbia y el egoísmo.


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