“LOS VERGONZANTES”

¿Una nueva clase económica?

 

Por: Julio E. Rubio Medina

Profesor : Medio Tiempo.                                                                                    

Facultad Ciencias Económicas y Administrativas.

Ingeniero Industrial Universidad Incca de Colombia

Actuario en Seguridad Social O.I.S.S.

(Organización Iberoamericana de Seguridad Social) (Madrid-España).

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, Vergonzante es Que tiene vergüenza o que se encubre por vergüenza.

 

En nuestro medio, la palabra se le aplica a aquellas personas que habiendo tenido en alguna época una posición socio-económica por encima del promedio e incluso en algunos casos  muy alta, han llegado, por diferentes causas y razones a una  situación casi de indigencia, con el agravante de no querer aceptarla ni reconocerla por su temor al rechazo y al “qué dirán”, no solamente por parte de sus amigos, sino peor aún, de su propia familia.

 

Las causas son variadas, pero en su gran mayoría  obedecen a factores como: quiebras, malos negocios, despidos, separaciones, viudez, etc, que unidos o separados, los han “atacado” en forma colectiva (familiar) o individual.

 

Por ser cada vez mayor el número de casos de los cuales tenemos noticia, generalmente a través de terceros y teniendo en cuenta que muchas de las personas que hacen parte de este grupo de  “indigentes del Norte” como jocosamente los llamara en un artículo un prestigioso columnista, no permitirían que se revelaran sus identidades,  queremos, con el único interés de mostrar algo desconocido para muchos, relatar alguno de estos casos, dado que tienen relación directa con temas económicos, pues es innegable que ante el progresivo crecimiento de este grupo de personas, estamos asistiendo no ya al nacimiento sino al desarrollo y madurez de una nueva clase socio-económica.

 

J.J. Rodríguez, por colocarle algún nombre a uno de nuestros “personajes en cuestión” como diría Mirando Zapata, es un desempleado desde hace cerca de dos años; claro que cuando se le pregunta a qué se dedica, la respuesta salta como por encanto: “estoy dedicado a hacerle unas asesorías a unas multinacionales”.

 

Acostumbrado a una vida estrato 6 ó 7, a vivir en el norte, a tener no uno sino dos carros “por aquello del pico y placa, ala”, a tener a sus dos hijos en colegio “fifí” (es decir trilingüe), pagando cómodas pensiones cercanas a los dos millones por cada uno  (los “chinos” tienen clases de natación y de equitación, fuera de la de tenis), a comer en el club tres o cuatro veces por semana y pagar las cuentas con unas de sus ¡tarjetas Gold!, (seguramente para “impresionar” a sus invitados) , a pasar sus vacaciones anuales como mínimo en Miami  “porque que jartera irnos otra vez a Cartagena si allá vamos casi todos los puentes”, en fin, a llevar una vida placentera y llena de comodidades.

 

Por aquello de la “reestructuración” o por irse detrás de una “oferta inigualable”, un buen día don J.J. quedó en el físico asfalto y los ahorros que podía tener se van agotando a velocidades alarmantes, pues sin ingresos fijos pero con gastos cada vez mayores y acostumbrados tanto él como su esposa e hijos a una vida muelle y holgada, inician su propio viacrucis, pues hay que “recortar” gastos a como de lugar.

 

A los “chinos” hay que sacarlos del colegio con la disculpa de un ficticio traslado de “papi” como gerente de una oficina en el exterior, pero como se debe lo de la pensión de los últimos tres o cuatro meses (“es que como a mi papi le mandan el cheque desde el exterior y es en Euros pero todavía no le ha llegado), toca recurrir a la poco usual técnica de “yo le garantizo el pago con este chequecito postfechado”, cheque que como es obvio, el banco no lo pagará y no es precisamente por la causal de:  la firma no coincide con el saldo.

 

La vivienda hay que venderla y la disculpa puede ser la del traslado o mejor aún ¡ la del alto costo de los servicios ! y claro, a buscar en arriendo un apartamento no ya de los 400 metros del anterior sino uno un poco más pequeño “así sea de 100 metricos y nos toque reducirnos”, previa advertencia a los hijos de cuidadito le comentan a alguien para donde nos vinimos a vivir.

 

El Mercedes y el B.M, también hay que “feriarlos”,  para comprar unos más económicos y si alguien les pregunta, la disculpa también está que ni mandada a hacer para la ocasión: “no ala, es que con esta inseguridad y lo del boleteo, tenemos que andar con bajo perfil”.Y tan bajo es, que transcurridas unas cuantas semanas, pues a vender los carritos y ¡nos tocará en Transmilenio...que oso!.

 

En poco tiempo (¿porqué será que cuando uno está en la “olla” las facturas de los servicios llegan como tan rápido?), el apartamento se convierte en un sitio “romántico” en el que la pizza que trae J.J. para la cena toca comerla fría y a la “luz de unas hermosas velas” (pues la eléctrica la cortaron por exceso de pago), las noticias toca oírlas, con audífono compartido,  en el “walkman” de uno de los hijos y”Protagonistas de Novela 2” hay que correr a verlo al apartamento de una vecina, quien de paso y haciendo cara de poco agrado, tiene que “aguantarse” el tener que prestar el teléfono “para hacer unas llamaditas urgentes” pues “el nuestro está dañado desde hace varios días y en la ETB nada que nos solucionan el problema).

 

La otra telenovela, ésta sí de la vida real en la que el protagonista estelar es “J.J.”, la ve todos los días una buena parte  de los residentes del Conjunto, cuando nuestro “personaje en cuestión” tiene que salir por las mañanas (más o menos a las 10:30 de la madrugada), cuando previamente ha enviado a su esposa a mirar “si hay moros en la costa” (léase “culebras” que ya descubrieron el nuevo sitio de residencia y que diariamente le montan guardia en la portería esperando que salga o llegue, según el caso), pero ella, poniéndose “digna”, se niega rotundamente a ir  a cumplir tan delicada misión, pues no quiere encontrarse con el portero ni con ninguno de los celadores pues a todos les debe el dinero

que le han venido prestando para “comprar el pan y la leche mientras llega mi marido”, excusa que ha utilizado durante las últimas diez semanas y que ya no le creen.

 

Después de sortear los mil y un obstáculos, “J.J.” logra evadir el cerco, saliendo por el parqueadero en el automóvil de un residente al que, por informes del “cela” (así le dicen los muchachos de hoy a los celadores)  ha estado esperando pacientemente “pues hace poco llegó a desayunar y tiene que volver a salir” en el carro con vidrios polarizados en el que tiene que ir a recoger al patrón; nuestro personaje, frotándose las manos, no cesa de agradecerle “el detallazo” de sacarlo hasta donde pueda tomar taxi para ir al taller a ver qué pasa con el carro que mandó “reparar” desde hace semanas y que “con ese incumplimiento de estos mecánicos colombianos”, los  va a tener que demandar, mentira que ya nadie le cree, pues todos en el condominio, gracias a los comunicativos celadores quienes junto con las señoras del aseo y una que otra “vecina”, se han encargado de regar la noticia, que se ve ratificada cuando en la portería y a la vista de todo el mundo, nuestro “J.J.” aparece encabezando (por lo elevado del monto) la fatídica lista que el Administrador ha colocado de los Deudores Morosos.

 

Como nuestro estimado “J.J.” mientras le duró la “coloca” no se distinguió precisamente por ser buen compañero ni mucho menos buen jefe, absolutamente todos sus “ex”, hace rato le voltearon la espalda, no le pasan al teléfono y si lo hacen es para cobrarle algún préstamo anterior; se mandan negar cuando los pregunta y, el portero de la Compañía de la cual fue empleado, tiene claras instrucciones para impedir que “J” (ya hasta eso hay que devaluarlo y ahora simplemente es jotica), llegue siquiera a la recepción.

 

Las aventuras y desventuras de “J” no paran  ahí, pues una persona tan preparada como él,  con más grados que un termómetro y más cartones que un tugurio, no se resigna a aceptar el empleo intermedio que en varias oportunidades le han ofrecido, ganándose, claro está, la décima parte de lo que devengaba y con el agravante de una esposa y unos hijos que tampoco quieren reconocer su actual situación y quieren, a como de lugar, regresar a las condiciones en las que durante muchos años, por no decir todos, siempre vivieron.

 

Pero...Hay que comer, hay que vivir de una manera digna, hay que mantener una familia, hay que vestirse así toque cambiar la ropa Pier Cardan por Pier Cafam,  en fin, hay que tomar una decisión radical y si los principios éticos, morales y si se quiere religiosos de “J”, no están bien cimentados, bastante difícil será subsistir.

 

En algunos casos, unos de los muy pocos amigos que todavía le quedan,  reúnen periódicamente mercados y dinero y, en actitud bastante loable, le llevan al nuevo “Vergonzante”, quien dejando de lado su orgullo y sus ínfulas recibe esa limosna y  pasa casi a la fuerza a convertirse en un nuevo “indigente” de pronto ni siquiera del norte, algo difícil de sobrellevar y que casi siempre termina con separación o divorcio y quienes resultan “pagando el pato”, generalmente son los hijos, quienes por la misma falta de principios, nunca se les preparó para aceptar las posibles situaciones de dificultad que se podrían presentar.

 

En otros, cuando ya no se cuenta ni con amigos pero sí con ganas de vivir, igual o mejor que antes de la crisis, el “J.J.” de la historia puede llegar a convertirse en un nuevo “delincuente de cuello blanco” con el agravante de estar lleno de  odio y resentimiento hacia una sociedad aparentemente injusta,  que lo “obligó” a llegar a esos extremos.

 

Pero, en el peor de los casos y lamentablemente muy frecuente, el “J.J.” de nuestra historia, ante tantas y tantas vicisitudes, llevado por el desespero, puede llegar incluso al suicidio.

 

Tomando la parte seria pero al mismo tiempo dramática de esta historia, que puede ser la de incluso alguno de los lectores, bien vale la pena hacer una pausa, un pare en nuestras vidas y dejando un poco esa loca carrera por la búsqueda de un mejor estar para nosotros y nuestra familia, miremos si estamos preparados moral, ética y espiritualmente para afrontar una situación parecida a la referida, pues de no ser así, bien vale la pena acercarnos al Creador y en forma humilde, darle gracias por lo poco o mucho que El nos ha dado y pedirle sabiduría para administarlo.