PARTIDOS POLÍTICOS Y DEMOCRACIA
Por: Dr. Jorge A. Ortega Cerón
Profesor Tiempo Completo Administrador Público Especialista Administración Pública ESAP Magíster En Proyectos UNIANDES |
||
| .
Introducción 1 El planteamiento mismo del tema propuesto a manea de conjunción entre uno y otro asunto sugiere a primera vista una relación de complementariedad entre ellos, proposición no muy alejada de la teoría y de la práctica de la política en el mundo occidental moderno, desde donde la democracia no ha podido verse totalmente posible sin los partidos, toda vez que su existencia se ha visto necesaria, en principio, para la organización y activación (pacífica) de la voluntad política del pueblo, resultando por esta vía la suposición de que no puede haber democracia sin pluralismo, ni pluralismo sin partidos políticos.
En este orden de ideas, comúnmente se ha afirmado que la democracia no sólo ha hecho necesarios los partidos políticos por el principio del pluralismo que ella encarna, sino también por la función que aquellos están llamados a cumplir con respecto a tal principio ( de representación, de convocatoria, de agregación de intereses, de canalización de conflictos, de construcción de políticas públicas, de oposición, entre otras), con lo cual la relación de complementariedad simple planteada arriba adquiere más claramente matices de funcionalidad, que hasta épocas recientes, en menor o mayor grado, recibió comprobación empírica en un mundo aún de modernización sencilla (Giddens).
Problemática
Siendo que tal contexto de modernización sencilla (tradicional) ya no es visible en términos generales a nivel mundial, la funcionalidad de la relación partidos políticos democracia ha mutado a una conexión más o menos problemáticamente estéril. En la medida de los cambios fundamentales operados sobre las estructuras sociales en términos de globalización, destradicionalización (Giddens), e individualización, las funciones de los partidos políticos con relación a la democracia han caído en desuso, siempre que semejantes transformaciones por desintegración extrema de la conciencia colectiva nacional, y/o por su direccionamiento fragmentado fuera de las fronteras nacionales, y/o por su permisibilidad de canales directos de interlocución sociedad –Estado, han terminado con la facilidad relativa de otra para la satisfacción de las necesidades de representación, integración y expresión de los intereses generales, así como de construcción de una visión compartida de sociedad y de las políticas y programas necesarias para su alcance. Por lo demás, la estructura y el funcionamiento no democráticos al interior de los partidos, por un lado, y, sobre todo para los países en vía de desarrollo, su concepción patrimonialista de la política, heredada generalmente de los largos periodos de la colonia de estos últimos, complementan los aportes para la explicación de la actual disfuncionalidad de tales partidos con relación a la democracia, con el resultado final desafortunado de la disolución (ya no temporal ni mínima) entre lo político y la política, y el consecuente incumplimiento sistemático de las promesas hechas constantemente por aquélla, agravada por la miniaturización del hombre público en pro del hombre consumidor privado sin referencias fuertes al Estado o a los partidos políticos sino al mercado, y por una democracia que, en consecuencia, ha dejado de representar, en beneficio de este último (el mercado), un espacio colectivo y político.
Hipótesis
La modernización compleja del orden global en tanto ha provocado rupturas críticas en los vínculos tradicionales entre partidos políticos y sociedad, en desmedro de la primacía de los intereses generales sobre los intereses particulares, ha presionado la desconexión necesariamente funcional que debe existir entre aquellos y el funcionamiento normal de la democracia.
Primera Parte:
La modernización compleja del orden global en tanto ha provocado rupturas críticas en los vínculos tradicionales entre partidos políticos y sociedad, en desmedro de la primacía de los intereses generales sobre los intereses particulares…
El cambio del modelo de modernidad en donde más o menos resultaba evidente la correspondencia sociedad – Estado nación por uno donde semejante relación viene resultando quebrada tanto hacia dentro (fragmentación) como hacia fuera (globalización), ha significado el debilitamiento del proceso de construcción de identidades y proyectos colectivos en torno a los partidos políticos.
Primera sub-parte: La segmentación de las sociedades modernas en grupos humanos cada vez más reducidos agrava para los partidos políticos el conflicto entre su función de representación de sectores sociales bien definidos y su competencia para agregar sus intereses a favor de la estructuración, representación y dirección de un proyecto colectivo.
Un elemento característico de las recientes y actuales transformaciones sociales lo constituye la individualización de la vida en comunidad, la misma que en la medida que lesiona el espíritu de colectividad en los ciudadanos, socava el desenvolvimiento de la democracia, y, por lo tanto, de sus partidos políticos, toda vez que el funcionamiento de la política a través de ellos no es posible con individuos que tienden a retirarse de lo público. En este sentido, a costa de su legitimidad, y en busca de su supervivencia, los partidos han terminado convirtiéndose en instrumentos de defensa de intereses más particulares que nunca, que ya muy escasamente coinciden con las grandes divisiones (clivajes) sociales que en el antaño se halagaban de representar. Dentro de este contexto, en la medida que tales intereses resultan cada vez menos conciliables, su misión de articulación (agregación) y de construcción, a partir de ella, de las políticas públicas referidas a situaciones socialmente problemáticas, en términos generales difícilmente hoy puede contar. En este orden de ideas, la representación y el accionar (juego) políticos se han trasladado significativamente desde los partidos hacia las organizaciones corporativas en la forma de sindicatos, ONGs, movimientos sociales, etc., ahora en interlocución directa con el Estado. El protagonismo desplazante (de los partidos) de los medios de comunicación como mecanismo de intermediación y canalización de la opinión pública (demandas sociales) tampoco puede hoy desconocerse. Por otro lado, resulta igualmente notable el efecto de semejantes situaciones en la estructuración orgánica de los “nuevos” partidos, ya no en términos de una institución permanente, sino de un conjunto de fugaces seguidores de un candidato presto para una campaña electoral.
Segunda sub-parte:
Los procesos de globalización, como catalizadores de la modernización compleja de la sociedad, representan dificultades adicionales ( y crecientes) para la regulación y el direccionamiento de los procesos sociales dentro de un modelo (proyecto) de país deseable (utopía).
En la medida que no resulta posible hablar real y concretamente de democracia más allá de los límites de la nación, la tendencia a la universalización creciente, con sus efectos sobre la tradición (destradicionalización) y el nivel de reflexión social (elevación), en tanto promotora efectiva de la pérdida de la noción de territorio nacional (desterritorialización) por parte de sus integrantes ( en su propósito de satisfacción de sus necesidades), ha provocado un menoscabo no despreciable en la construcción y consolidación de la identidad nacional (y aún de identidades colectivas), elemento fundamental para el desempeño eficiente y eficaz de todo sistema democrático, y, por ende, de todos sus partidos políticos. Por otro lado, el traslado de algunos centros de decisión (gobierno) desde el interior de la Nación (Estado) hacia organizaciones, públicas y/o privadas, y/o Estados extranjeros, actúa en refuerzo del resultado antedicho.
En la misma dirección interviene la ampliación de las posibilidades de relación de las posibilidades de relación directa entre éstas últimas instituciones de carácter internacional y aquellas, privadas, no gubernamentales, etc.., del nivel intranacional. |
Segunda parte:
….ha presionado la desconexión necesariamente funcional que debe existir entre aquéllos y el funcionamiento normal de la democracia.
La nueva dinámica social en tanto generadora de transformaciones en la visión y funcionamiento tradicionales de la democracia juega como uno de los factores explicativos de mayor peso dentro de la actual condición de desenvolvimiento no efectivo de los partidos políticos con relación a ella, toda vez que tales, mayoritariamente, aún viven en y para el antaño.
Primera sub-parte: La desconexión partidos políticos – democracia deriva en primer lugar del rezago de los primeros en torno a los cambios impulsados en la segunda desde las transformaciones sociales de última generación.
De las observaciones de la primera parte resulta clara entonces la disfuncionalidad actual de la relación de los partidos políticos con la democracia, en tanto los cambios acaecidos durante las últimas dos décadas, especialmente, en el contexto mundial han transformado las formas de hacer y de pensar lo político desde la política sin que ellos haya significado mayor desafío para los partidos políticos , no en cuanto a la facilidad de su asimilación por parte suya, sino en tanto tal reto aún no ha sido asumido por ellos, de lo cual su rezago con respecto a la nueva dinámica de las sociedades, y, por lo tanto, la pérdida de efectividad en el cumplimiento de sus propósitos, y, consecuentemente, su escasa legitimación como actores principales dentro del escenario político (y de la política).
Segunda sub-parte
Dado el rezago evidente entre la estructura, funcionamiento y orientaciones misionales actuales de los partidos políticos con respecto a la realidad social imperante, su relación disfuncional frente a la democracia, inserta dentro de aquella, cobra vigencia incuestionable.
Frente a la transición de una democracia dentro del ámbito de lo político (entendido en el sentido de lo que compete al bien común) hacía el ámbito de lo económico (democracia de mercado, ó mejor aún, mercado de la democracia), los partidos políticos se debaten todavía en la arena de la política (deformada por los intereses particulares y por las visiones cortoplacistas). Frente a una tendencia cada vez más creciente de movilidad social, y de la multiplicidad de identidades, por lo demás cambiantes, en cabeza de cada individuo, que ya no hace pensable el arraigo permanente de las personas a una clase o estamento social único y totalizante, y, por tanto, las viejas adscripciones partidistas, los partidos políticos se han quedado sin un piso firme sobre la base del cual representar y construir sus proyectos políticos (intereses sociales). Frente a una sociedad que hoy se precia más que nunca de no tener tiempo para tener tiempo , que vive con el acelerador a fondo, que por ello mismo no alza su mirada más allá del presente, los partidos políticos han perdido la masa para la confección de programas históricos de una mejor sociedad. Frente a una avalancha progresiva de la revolución de los medios de comunicación directa de los gobernados con sus gobernadores, los partidos políticos agonizan en su función de intermediación Estado – sociedad civil. Frente a unos niveles en aumento de capacidad social de reflexión, los partidos políticos aún permanecen ahogados en la tradición, las “ideologías pasadas de moda”, el autoritarismo en su funcionamiento interno, el patrimoniamismo, el prebendalismo, el clientelismo y la corrupción.
En fin, frente a un orden social de nuevo “invento”, y una democracia de otro cuño, los partidos políticos siguen siendo los mismos partidos políticos.
Conclusión
En un contexto de incertidumbre fabricada (Giddens), elemento característico del orden global del día de hoy, y que sintetiza una gran proporción de las transformaciones sociales anotadas en las líneas anteriores, los partidos políticos aún no parecen haber emprendido seriamente el viaje desde el ambiente pasado de certeza, y en razón de ello su actual decadencia.
Evidentemente, dentro del modelo de desarrollo capitalista de nuestros días, una democracia de mercado ya no necesita unos partidos políticos sino unos partidos de mercado. Ese es su futuro. Hacia aquel horizonte es hacia donde deben volver sus miradas en tanto no sean y seamos capaces de inventar nuevas alternativas. De poder trascender hacia tales, el futuro de los partidos políticos puede ser localizado mejor en el movimiento, ó si se quiere, en los movimientos políticos. Al fin de cuentas es él (el movimiento), y no la estática (el anquilosamiento), la máxima expresión de la perfectibilidad humana ( y natural).
Bibliografía
DIAZ –Callejas, Apolinar, La cuestión de la democracia, de la paz y del poder en Colombia. Texto suelto.
ICETA LLORENS, Miguel. Partidos Y Democracia en el Siglo XXI. En Revista Siglo XXI. Madrid, diciembre de 1.998.
Instituto Nacional Demócrata para Asuntos Internacionales -Ministerio de la Presidencia de Chile. Partidos políticos en Las Américas: Desafíos y estrategias. Marbella, Chile, agosto de 1995. LECHNER, Noorbert. Las transformaciones de la política. En Revista Mexicana de Sociología. Volumen 58, número 1, enero/marzo de 1996. Páginas 3 –16
MANZ, Thomas y ZUAZO, Moira. Partidos políticos y representación en América Latina. Instituto Latinoamericano de Investigaciones Sociales – ILDES Friedrich Ebert Stiftung –FES ( Bolivia) Editorial Nueva Sociedad. Caracas, Venezuela, 1.998
MAY CANTILLANO, Huberth. Democracia en tema de organización y funcionamiento de partidos políticos. En Revista Acta Académica. Universidad Autónoma de Centroamérica. San José de Costa Rica. Número 20, mayo de 1.997. Páginas 70 – 73.
NIETO. Gerardo. Partidos y democracia. En el diario El Nacional en Internet. Junio de 1997.
NOHLEN, Dieter. Sistemas electorales y partidos políticos. Fondo de Cultura Económica. México, D.F., 1998. Páginas 8 –47
SARTORI, Giovanni. Partidos y Sistemas de partidos. Marco para un análisis. Volumen I. Alianza editorial, S.A. Madrid, 1987
|
|