¿ESTAN SOBREDIMENSIONADAS LAS IDEAS DE LOS ECONOMISTAS?

Por Rafael España

ª El autor es economista de la Universidad La Gran Colombia. Es Director Económico de Fenalco, profesor universitario y conferencista de temas económicos y empresariales

John Maynard Keynes, influyente pensador del siglo XX, sentenció que las ideas de los economistas son más importantes de lo que la gente creé y que en el fondo, todos somos esclavos de las ideas de un economista difunto. ¿Qué tan cierta es esa frase? Difícil establecerlo, y vale la pena sobrevolar por el fascinante o árido mundo --según el lente que se utilice--  del pensamiento económico. Pero una cosa es cierta: en economía, las ideas son bastante cambiantes.

 

También se atribuye a Keynes la frase de que la fuerza de las ideas,  tarde o temprano, termina por imponerse a los intereses creados. La antítesis moderna de Keynes, el Nobel de la Economía Milton  Friedman, avala esta afirmación al afirmar que "las  fuerzas de las ideas, impelidas por la presión de los  acontecimientos, no respetan la geografía, ni la ideología, ni  los lemas de partido".

 

Colombia no ha estado ajena al contagio que produce la aparición  y posterior consolidación de enfoques económicos, novedoso cada  uno de ellos en su momento. Por  ejemplo, las ideas de los economistas clásicos, encabezadas por  Adam Smith, pronto encontraron eco y respaldo entre los  gobernantes europeos y de Norte América.  La prédica del  liberalismo, la condena a la intervención del Estado, la defensa  de la libertad y el elogio a las bondades del mercado,  conformaron un credo poderoso que se difundió con rapidez y llegó  a Colombia. 

 

Un vocero de la clase política colombiana del siglo 19, Mariano Ospina Rodríguez, afirmaba: "Si el gobierno, imaginándose que sabe más que los  comerciantes... mete la mano en el negocio, su intervención no  produce otro efecto que desconcertar los cálculos de los  negociantes, turbar el movimiento natural del comercio, y  retardar el restablecimiento del equilibrio (de los precios)".

 

Otro coloso del pensamiento económico fue David Ricardo, quien resaltó  la importancia del comercio exterior y para ello expuso la teoría  de la ventaja comparativa, según la cual una nación puede elevar  su nivel de vida y su renta real especializándose en la  producción de las mercancías en las que tiene la mayor  productividad. John Stuart Mill, uno de los clásicos de la economía, con posterioridad a Ricardo, destacó ampliamente cómo "el  beneficio del comercio internacional consiste en el empleo más  eficiente de las fuerzas productivas del mundo".

 

Cabe agregar que Mill y Alfred Marshall, este último brillante  exponente de la llamada escuela neoclásica, a pesar de que  estuvieron de acuerdo con la teoría de las ventajas comparativas,  insinuaron que era necesario proteger las "industrias  infantiles", a través de mecanismos como el arancel, pero sólo  temporalmente; esto es, mientras que el país tuviera realmente una ventaja  comparativa para empezar a actuar.

 

En 1923, el Informe de la Misión Kemmerer para Colombia elogiaba el legado de la economía clásica, la de Smith, la de Ricardo, la de  Mill: "La riqueza y la prosperidad sólo provienen de aquellas  industrias para las cuales el país ha sido favorecido por la  naturaleza, y que no necesitan por tanto, de protección, y no de  aquellas exóticas que sólo viven del amparo de derechos  arancelarios protectores.  Las industrias en Colombia encuentran  necesariamente una fuerte protección natural en el costo del  transporte que grava las mercancías provenientes de países  extranjeros.  Las industrias que a pesar de estas ventajas no  pueden sostener la competencia extranjera, no se adaptan a las  condiciones y circunstancias de Colombia, y no producen riqueza  para la nación.”

 

Posteriormente, la influencia marxista en cuanto a su idea de transformar al Estado en planificador y ejecutor de la actividad  productiva, comercial y financiera comenzó a hacer  mella en la ideología de los economistas clásicos. El factor decisivo para ese  gran cambio fue la Gran Depresión, que minó la  confianza del público en la empresa privada, induciéndolo a  considerar la intervención del gobierno como el  remedio para tiempos de crisis.

 

La depresión de  los años 30 puso fin a una era de relativo liberalismo  económico en Colombia. El gobierno del Enrique Olaya Herrera(1930-34) instauró amplios  controles cambiarios y de importaciones, que rigieron hasta 1990 pero que aún hoy no han  sido abandonados completamente. El intervencionismo se acentuó con la Reforma  Constitucional de 1936, y no solamente como un mecanismo para conjugar los efectos nocivos de las crisis, sino como un medio  permanente para proteger, al menos en apariencia, a los sectores  oprimidos de la sociedad.

 

Keynes, o el activismo estatal

 

La influencia del pensamiento  de Keynes (1883-1946) en el mundo occidental ha sido decisiva y ha sobrevivido a los caprichos de las modas económicas, aún cuando él mismo dijo alguna vez: “En el largo plazo estaremos muertos”. Hoy, después de 60 años, las ideas económicas son prokeynesianas, o postkeynesianas, o antikeynesianas, o keynesianas a secas. En esencia, su teoría sugiere que el sistema capitalista puede ser llevado hacia el pleno empleo por una política del sector público que proporcione un nivel suficiente de  inyecciones para compensar  cualquier deficiencia en el funcionamiento  del sector privado. Keynes, a diferencia de Marx, no sólo se limitó a describir los males del capitalismo sino que propuso lo que él creía era la solución. Marx es algo así como el sepulturero del capitalismo; Keynes, su redentor. Los neófitos asocian a este último con el gasto deficitario, pero esa fue sólo una parte pequeña de su trabajo.

 

En diciembre de 1999 la agencia Reuters realizó una encuesta a economistas internacionales de gran calibre para determinar cuál es el pensador que más influencia ejerció sobre la economía en los últimos dos siglos. El ganador absoluto fue Keynes.

 

El modelo cepalino

 

Durante la posguerra un grupo de profesionales, encabezados por  el argentino Raul Prebisch, intentó desarrollar una teoría  económica que consultara las realidades particulares de América  Latina.  Dicha doctrina encontró cuerpo en la CEPAL  y se  propagó por toda la región.  En esencia, la CEPAL  afirmó que un  proceso de sustitución de importaciones se constituiría en la  solución a los problemas económicos estructurales de América  Latina.  Con base en la evidencia empírica de la época, se afirmó  que ante la imposibilidad de reajustar los precios de los  productos primarios exportables a  los países industriales y al consiguiente deterioro constante en los términos de intercambio,  se hacía necesario encauzar los esfuerzos hacia la sustitución de  importaciones.

 

Colombia también bebió de esa doctrina. Bajo el amparo cepalino surgieron varias ramas de la industria manufacturera y se  estimuló un importante crecimiento industrial.  El planteamiento  de la CEPAL, a pesar de las críticas que se le han hecho, era  consistente. Al parecer el error  consistió en quedarse ahí, sin darse cuenta, ni de las  limitaciones del modelo ni de los cambios que estaban ocurriendo  en la economía internacional.

Y aparece el neoliberalismo

 

El agotamiento del poder de convicción de las  teorías keynesianas y cepalinas, particularmente a partir de 1973, año del gran choque petrolero, dió paso a un renacer de  las posturas que defienden el libre funcionamiento del mercado. Es cuando surge el neoliberalismo.  Ideas de Friedman, Buchanam y Von Hayek, han encontrado adeptos  en muchos lugares de la tierra. Milton Friedman, por ejemplo, ha  insistido de manera consistente en las bondades de las fuerzas  del mercado.  En sus obras nos recuerda cuáles son los castigos  que sufre la sociedad si rechaza su mano rectora.

 

Ha sido notorio el movimiento mundial hacia la  dependencia de las fuerzas competitivas del mercado.  En los  últimos años se han efectuado reformas fundamentales en varios  países europeos orientales y también se han adelantado  transformaciones económicas en varias naciones del hemisferio occidental.  Muchos países  adhirieron  a la democracia, descartando sus economías  controladas centralmente o dominadas por el Estado, y avanzan  hacia sistemas en los cuales predomina la propiedad privada, y la  mayor parte de los recursos se asignan a través de los  mercados. Los profundos cambios en la Unión Soviética, el  derrumbamiento del Muro de Berlín y la reunificación alemana constituyen símbolos de la  transformación económica mundial.

 

La vieja y a la vez nueva oleada del pensamiento económico arribó a Latinoamérica y a Colombia.  Tras decenios de  intervencionismo y de rechazo manifiesto a la inversión  extranjera, el país dio marcha atrás en sus políticas "proteccionistas".  La siguiente frase del entonces presidente Cesar Gaviria(l990-94), es ilustrativa:

 

"En la campaña electoral le propusimos al país un profundo  revolcón a nuestra economía.  Esto es indispensable por cuanto  nuestro viejo modelo de desarrollo proteccionista y cerrado, ya  no es capaz de garantizar un ritmo de crecimiento adecuado...  Vamos a abrir nuestro sistema productivo para hacerlo más  eficiente y más competitivo.  Vamos a conquistar el mundo con  nuestras exportaciones.  Queremos que los mercados externos sean,  de ahora en adelante, una fuente primordial de dinamismo y de  bienestar para el país”.

 

La liberalización económica estuvo influenciada por las “nuevas” ideas, confirmándose el viejo aserto ya señalado, de que las ideas son más importantes de lo que parecen. En las escuelas de vanguardia se produjo una especie de cambio de mentalidad. Antes de los años setentas los temas dominantes de la política económica eran la planificación , el socialismo, la regulación del gobierno , la empresa pública, el estado benefactor y las teorías de Keynes. El predominio  de ese criterio se reflejó en la visión pesimista del futuro, que Joseph A. Schumpeter le auguró al capitalismo en su obra clásica (Capitalismo, socialismo y democracia) publicada en 1942. Pese a todo, ya en los años 70 el neoliberalismo se empezaba a convertir en dogma de los economistas, tendencia que se fortaleció a causa de la elevada tributación que el estado benefactor requería y por la ineficacia de planificación gubernamental y de la empresa pública. La nueva doctrina atrajo muy pronto a las instituciones económicas internacionales.

 

El Banco Mundial, que en los años 50 había respaldado al sector público y a la planificación, se convirtió en un gran impulsor de la competencia, la privatización y los mercados a partir de la década de 1970. Esa institución y el  FMI se perfilaron como poderosos actores externos  para inducir a los países a  liberalizar sus economías. Ya en los años 80 la liberalización había llegado a ser la fórmula general aceptada para remediar los males económicos en todo el mundo. Pero hoy, aumentan las críticas a este modelo y algunos influyentes pensadores como el norteamericano Paul Krugman, abogan por ciertos trazos de la economía keynesiana. Es más, el Banco Mundial concede ahora un renovado rol al Estado.

 

El protagonismo empresarial

 

Ultimamente los teóricos quieren destacar la importancia del empresario como hacedor de la riqueza y del progreso. Esta línea de pensamiento la lideran personas como el profesor de la Universidad de Harvard, Michael Porter, autor de obras afamadas de los últimos años en asuntos económicos, administrativos y de comercio exterior. Sus investigaciones en materia de competitividad de las naciones y de las empresas, han tenido tanta aceptación en el mundo entero, que ha sido contratado por varios países, entre ellos Colombia, para realizar informes que identifiquen  cómo tales naciones pueden ampliar y mejorar su competitividad a largo plazo de sus economías, que llevarán a un aumento del PIB per-cápita y del bienestar general de la sociedad. El pensamiento de Porter se refleja en la siguiente observación:

 

“¿Qué pasa con el futuro? La principal preocupación  económica de todos los países debería ser la capacidad de perfeccionamiento de su economía, de modo que las empresas pudiesen obtener ventajas competitivas más refinadas y una mayor productividad. Sólo de este modo podrán mejorar el nivel de vida y la prosperidad económica. El proceso de perfeccionamiento requiere que las empresas del país mejoren continuamente su capacidad y su tecnología y que evolucionen sus estrategias, si han  de alcanzar y mantener unas ventajas competitivas sobre unos competidores extranjeros que siempre están mejorando. El papel del Gobierno es establecer políticas que puedan crear la base de recursos humanos, científicos y tecnológicos y la infraestructura que posibiliten dicho perfeccionamiento”.

 

Para terminar, presentamos a continuación la lista de los economistas más influyentes del mundo en los últimos 200 años, según el juicio de especialistas en el tema que recogió la revista The Economist hace unos meses:

 

 

 

1) John Keynes, 93 puntos; 2) Adam Smith, 59; 3) Carlos Marx, 32; 4) Milton Friedman, 28; 5) Joseph Schumpeter, 20; 6) John Kenneth Galbraith, 9; 7) Alan Greenspan, 7; 8) David Ricardo, 5; 9) Paul Krugman, 4; 9) Thomas Malthus, 4; 10) Bill Gates, 3; 10) John Stuart Mill, 3; 10) Robert Lucas, 3; 10) Robert Solow, 3.